Meditación para el amor y la compasión: Guía paso-a-paso

Cuando tienes un fuerte deseo de conseguir algo que quieres, puede que no lo hagas todo bien y que cometas errores por el camino, pero seguirás adelante hasta que encuentres el camino. Y, en realidad, lo mismo ocurre con todos los que nos rodean: nuestras familias extensas, los profesores y terapeutas de nuestros hijos, un empleado persistente o molesto y, desde luego, nuestros hijos.

Incluso cuando tenemos una opinión completamente diferente de otra persona, ésta sigue intentando ser feliz. Usted quiere a su hijo, pero él, a veces, puede elegir ser un poco problemático: resistirse a la hora de dormir, olvidar su mochila o cualquier otra cosa que le moleste. Una de las cosas que ocurre cuando somos jóvenes es que a veces perdemos de vista nuestra propia versión de la historia.

El camino de la meditación del Mindfulness

Las meditaciones surgidas de la técnica de conciencia plena, pueden ayudar a recorrer un camino de solución a estos inconvenientes.

Podemos pensar en cuál es nuestra perspectiva y preguntarnos: "¿Cómo puedo tener razón?". Cuando empezamos a considerarnos a nosotros mismos, podemos sentirnos vulnerables al extender la compasión tanto a nosotros como a los demás, como si de alguna manera estuviéramos tolerando sus acciones quizás inapropiadas.

Puede resultar mucho más fácil, y a menudo más seguro, defender, retirar o excluir a los demás. Pero si te mantienes constantemente bajo control y no dejas que los pensamientos y sentimientos de los demás te afecten, también podrás ayudarles a afrontar su propio dolor emocional.

El deseo interior de ser feliz de todo ser humano

Puedes optar por darles algo o dar pasos firmes para protegerte de otra persona, pero manteniendo esta perspectiva más amplia. Cuando se trata de nuestros hijos, se nos enseña desde muy pronto a no esperar nada de ellos y, por extensión, a no intentar nunca manipularlos para que hagan algo que no quieren.

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La práctica consiste en recordar que todo el mundo está impulsado por un deseo interior de ser feliz, sano, seguro y amado, ni más ni menos que cualquier otra persona. Todo el mundo quiere vivir una buena vida, una vida con sentido, una vida alegre, ni más ni menos que los demás.

  • Que todos estemos sanos.
  • Que todos nos sintamos seguros.
Meditación para la compasión

Práctica meditativa para la compasión y el amor

En esta práctica de compasión, no hay objetivo de obligar a que suceda nada. No puedes sentirte en sentimientos particulares hacia ti mismo o hacia cualquier otra persona. Más bien, la práctica es simplemente recordarte a ti mismo que mereces felicidad y tranquilidad, ni más ni menos que nadie, y que lo mismo ocurre con tu hijo, tu familia, tus amigos, tus vecinos y todos los demás en el mundo. Todos están impulsados por un deseo interno de evitar el sufrimiento y encontrar una medida de paz.
 
A continuación, imagine a toda su familia por un tiempo:

  • Que todos seamos felices.
  • Que todos seamos saludables.
  • Que todos nos sintamos seguros.
  • Que todos vivamos nuestras vidas con facilidad.  
Finalmente, si lo desea, extienda algunos deseos a todos en este mundo. De manera no forzada, envíe este deseo compasivo de bienestar a cualquier persona que imagine, a cualquier lugar.
 
A medida que esta práctica se vuelve cómoda para usted, puede usarla para combatir el estrés diario.

Si te sientes sin amarrar, perdido o tirado en diferentes direcciones, tómate un momento para desearte paz, tal como consolarías a un amigo. Si su hijo lo frustra y pierde los estribos, practique brevemente esta meditación por su bien y el suyo. Recuérdese del deseo de felicidad de su hijo y sus propios deseos para lo mismo, sea lo que sea que haya hecho. 

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Meditación guiada paso a paso para la compasión (con audio)

  • Encuentre una posición cómoda y estable, sentado o acostado, y realice varias respiraciones suaves y continuadas.
  • Observe cómo se siente al soltar la actitud lucha constante, o el esfuerzo que realiza por sentirse o tratar de ser de otra manera de la que realmente es.
  • No puede obligarse a sentirse relajado, sin prejuicios ni nada en particular. Eso es imposible y no trate de luchar contra ello.
  • Déjate sentir simplemente lo que sientas.
  • A continuación, imagine a su hijo.
  • Imagina lo que más deseas para él. Este deseo ilimitado para el bienestar de nuestro hijos, más profundo que cualquier emoción superficial, se ha sintetizado tradicionalmente en cuatro frases: “Que seas feliz. Que estés sano. Que te sientas seguro. Que vivas tu vida con facilidad."
  • Usa estas frases o cualquiera que capture tus deseos más profundos, y repítelos en silencio, a un ritmo cómodo, cronometrado a tu respiración.
  • Continúa repitiendo estos deseos para su hijo, recordándose sus intenciones más profundas:
  • “Que sea feliz. Que estés sano. Que te sientas seguro. Que vivas tu vida con facilidad."
  • Después de varios minutos, concéntrate en ti mismo.
  • Tu crítico interno se puede resistir.
  • Sin embargo, a pesar de todos tus errores aparentes, debes saber que tú tienes los mismos derechos que cualquiera: 
  • “¿Puedo ser feliz? ¿Puedo estar sano? ¿Puedo sentirme seguro? ¿Puedo vivir mi vida con facilidad?"
  • Sin ningún tipo de demanda, ofrézcase algunos de los deseos de bienestar que le dio a su hijo.
  • Después de varios minutos, imagine a un amigo cercano o a alguien incondicionalmente solidario, es decir, imagínese a una persona para quien tiene sentimientos casi completamente positivos.
  • Esta persona seguramente también desea la felicidad, ya sea pasando por un período de relativa tranquilidad o más agudamente necesitando su apoyo emocional.
  • Si nadie le viene a la mente, está bien, y es bastante común; solo continúa con la práctica para tí mismo.
  • Después de pasar unos minutos, pase a pensar en una persona neutral, un extraño, alguien que vea, pero que realmente no conozca, tal vez alguien en una tienda local o estación de servicio, o que trabaje cerca.
  • Extienda algunos deseos de compasión a esta persona neutral, sin juzgar lo que realmente siente.
  • Ahora piense en una persona difícil, no la más difícil de carácter, sino alguien con quien no está de acuerdo en algunas opiniones o pensamiento.
  • Sus perspectivas difieren y debe cuidarse firmemente, sin embargo, las acciones de esta persona difícil también están impulsadas por un deseo de felicidad.
  • Si esta persona encuentra alivio para su propio sufrimiento, es probable que su comportamiento cambie.
  • Si es más fácil para usted, diga para sí lo siguiente:
  • "Que ambos seamos felices. Que ambos estemos sanos. Que los dos nos sintamos seguros. Que ambos vivamos nuestras vidas con facilidad."
  • A continuación, imagine a toda su familia por un tiempo: “Que todos seamos felices. Que todos seamos saludables. Que todos nos sintamos seguros. Que todos vivamos nuestras vidas con facilidad."
  • Finalmente, si lo desea, extienda algunos deseos a todos en este mundo.
  • De manera no forzada, envíe este deseo compasivo de bienestar a cualquier persona que imagine, a cualquier lugar.

Reflexiones finales sobre la meditación compasiva

A medida que esta práctica se vuelva cómoda para usted, puede usarla para combatir el estrés diario. Si te sientes sin amarrar, perdido o tirado en diferentes direcciones, tómate un momento para desearte paz, tal como consolarías a un amigo.

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Si su hijo lo frustra y pierde los estribos, practique brevemente esta meditación por su bien y el suyo. Recuérdese del deseo de felicidad de su hijo y sus propios deseos para lo mismo, sea lo que sea que haya hecho.

Sobre el autor:

Tengo diversos grados en filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino. Entre ellos, Bachiller Universitario en Filosofía, Profesor de Filosofía y Licenciado en Filosofía. También tengo un postgrado en Liderazgo y Coaching Organizacional, así como otro postgrado en Pensamiento y Clínica Sistémica realizado en Alternativa Sistémica.
Poseo diversos libros publicados, entre ellos "De víctima a protagonista", "El hombre ante el olvido de Dios", "Educación para la fragilidad" y "Educación para la pobreza y el sinsentido existencial".

Prof. Lic. Hugo Landolfi

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